[Intro]
[Un único acorde de piano; luego silencio antes de la primera respiración.]

[Verse 1]
Siete y cincuenta, la puerta entreabierta,
la lluvia en el vidrio parece una alerta.
Cincuenta y dos sillas mirando hacia mí,
ninguna chaqueta, ninguna nariz.
La lámpara lista, la cinta en su lugar,
el polvo cruza solo el pasillo central.
Pongo dos boletos en el número diecisiete,
por Clara y Mateo, por si alguno promete.

[Refrain]
La sala vacía me mira al revés,
yo digo que espero, ella sabe por qué.
La sala vacía no quiere acusar,
pero cada asiento me obliga a contar.

[Verse 2]
Ocho menos cinco, reviso el reloj,
la aguja se mueve, mi mano no.
Quizá nadie quiera volver a saber,
quizá recordar sea perder otra vez.
Quizá los que viven prefieran cenar
con voces pequeñas detrás del cristal.
Quizá yo confundí justicia y función,
y preparo mi propia absolución.

[Refrain]
La sala vacía me mira al revés,
yo digo que espero, ella sabe por qué.
La sala vacía no quiere acusar,
pero cada asiento me obliga a contar.

[Interlude]
[El piano deja grandes espacios entre las tres notas; el bajo frotado responde desde un registro muy grave.]

[Verse 3]
Yo pude buscarla, decirle a Clara:
“Mateo dejó esto la noche más larga”.
Pude llevarle la lata a su casa,
aunque la policía siguiera en la plaza.
En vez de hacerlo, aprendí a barrer,
a cambiar los carteles, cobrar y esconder.
Me dije mil veces: “Mañana será”.
Cuarenta años caben dentro de un “ya”.

[Bridge]
No todo silencio protege una voz,
no toda prudencia nos salva a los dos.
A veces el miedo se viste de hogar
y uno lo confunde con saber aguantar.

[Break]
[El proyector intenta arrancar, se detiene y deja unos segundos de silencio completo.]

[Final Refrain]
La sala vacía me mira de frente,
ya no soy el mismo que espera a la gente.
La sala vacía me obliga a empezar,
aunque solo sus muros me puedan escuchar.
Ocho en punto.
Voy a proyectar.

[Outro]
[El piano toca dos de las tres notas; la tercera queda ausente.]
